NECESIDAD DE INFORMACIÓN
El escritor relata cómo el correo chileno nació “para responder a las necesidades de modernización del país, iniciado con el gobierno de José Antonio Manso de Velasco (1736-1745), quien, junto a Domingo Ortiz de Rozas, (1745-1755), crearon una Red Postal, desde la ciudad de La Ligua al sur, que finalmente formaron pueblos, villas y ciudades, y para las cuales se hizo urgente la construcción de caminos para permitir el paso seguro a las diligencias que transportaban pasajeros, cargas postales y mercaderías. El gobernador Ortiz de Rozas nombró a Don Ignacio de los Olivos, quien era tesorero de la Diputación de Comercio, como Teniente del Correo Mayor. El "adelantado" Ignacio de los Olivos se convierte así en el fundador del Correo de Chile, independiente del Correo de Lima, en el año 1747.
Calderón rescata el momento preciso en que surgen los carteros. “Un interesante hecho ocurre cuando aparece en la ciudad el uso de los ‘buzones’, cuando las Ordenanzas de Correos de 1762 definieron que se instalasen puestos en todas las veredas de las rutas postales.
Aparece por primera vez en América la presencia del cartero, ya que, como consignan las Ordenanzas: ‘No pudiendo despacharse las cartas al público enteramente por la reja de los oficios (buzones) a causa de no acudir sus dueños a sacarlas, se ha hecho preciso destinar sujetos determinados que las lleven a las casas, los cuales se llaman ‘carteros’. Era obligación de ellos dar cuenta de los cambios de domicilio, investigar las nuevas direcciones hasta dejar las cartas en manos del destinatario correspondiente. En caso de que la carta fuese certificada, la devolvía al administrador, en un plazo máximo de doce horas, ya que de no cumplir esta regla sería despedido. En ese entonces el cartero recibía un cuarto de real como pago por cada carta despachada”.
Algunos de los principios fundamentales del Correo, y que siguen vigentes hasta hoy, se dictaron en 1794, a través de la primera Ordenanza General de Correo. En ella ya se establece la inviolabilidad de la correspondencia y el reconocimiento de su calidad de servicio público. A la vez que se ratificaba su carácter de monopolio estatal.
Calderón destaca el rol de la institución durante la independencia y cuenta que al iniciarse en Chile el período republicano, “fue el Correo quien tuvo la misión de difundir la proclama en todas las ciudades del país. El gobierno es presidido entonces por Don Bernardo O’Higgins, quien decide que la administración de todos los servicios de Correos sea estatizada. Pronto se instaura un correo diario entre las ciudades de Santiago y Valparaíso, además de otros sitios importantes del país y se libera el impuesto para los libros, revistas, cuadros y pinturas”.
CORREO MODERNO
El investigador relata que fue durante el gobierno de Manuel Montt (1851-1861), “cuando nace el correo moderno en Chile, que dependerá directamente del Ministerio del Interior y de la Presidencia de la República. En 1852 se dicta la Ley Postal, cuyo objetivo fundamental era congregar en un solo cuerpo legal todas las disposiciones y reglas, que se aplicaban en el territorio desde hacía más de un siglo”.
Fue por medio de esta ordenanza que se distinguieron “claramente tres sistemas de tarifas: urbanas, suburbanas e internacionales. También, desde entonces todas las oficinas postales del país quedaron bajo la dirección del Correo de Santiago. Se ordenó el franqueo previo de la correspondencia a través de ‘estampas de correos’, ya que las estampillas no existían entonces en Chile, aunque cinco meses más tarde, revolucionaron los servicios postales con su arribo”.
PRIMER SELLO POSTAL
Otro hito fundamental ocurrió también durante el gobierno de Manuel Montt, en 1853, cuando se emitió el primer sello, un hecho que convulsionó las comunicaciones postales y que llevaba la efigie de Colón con un valor de 5 centavos. Las primeras se hicieron en Londres, pero luego se comenzaron a fabricar en Chile.
Calderón cuenta que “A pesar de esta verdadera campaña comunicacional de la época, el tráfico postal disminuyó en gran medida, en un comienzo debido a la confusión de empleados y usuarios con el antiguo sistema, en donde el pago del envío debía solventarlo el receptor de la correspondencia”.
INFORMACIÓN Y CULTURA
Por estos años las autoridades realizaron una verdadera refundación del Correo, que se formalizó en la Ordenanza General de 1858. El documento histórico fusionó los servicios de correos y telégrafos y estableció sus tarifas, dando origen al Servicio de Correos y Telégrafos.
Calderón relata: “El tráfico postal había logrado instalarse en el mundo demostrando ser una fórmula efectiva para permitir el crecimiento de amplios sectores de la sociedad. Pero había llegado el momento -la experiencia adquirida lo avalaba- de dotar a Correos de una institucionalidad propia, y con esta idea las autoridades replantearon el servicio postal a través de la creación de una Ordenanza General de Correos.
Juan Miguel Riesco y Francisco Solano Astaburuaga trabajaron, junto a equipos de expertos en la creación de un ante-proyecto para presentar al Gobierno, y en 1857 éste fue enviado al Congreso. El cuerpo legal fue aprobado y entró en vigencia en 1858. Una disposición de esta ley expresaba que el correo debía ser el más eficiente sistema para transportar la información y la cultura; ahora, el Correo chileno disponía de un ordenamiento legal que recogía toda la práctica y conocimiento de los siglos anteriores y pasaba a constituirse en una de las instituciones más importantes del Estado”. Y aclara que esta ordenanza se convierte en “el eje de la historia del Correo chileno”.
Un siglo más tarde, el 8 de febrero de 1982, se creó la Empresa de Correos de Chile, que puso fin al antiguo Servicio de Correos y Telégrafos. En él se establece que Correos es una empresa autónoma del Estado.
Información sacada del sitio: www.educarchile.cl
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